lunes, 11 de noviembre de 2013

Jérôme Lejeune

Mi primera entrada en este blog se la voy a dedicar a Jérôme Lejeune, el gran médico que descubrió el síndrome de down en la trisomía del par 21. 
Quizá parezca raro que comience un blog de derecho hablando de un médico, pero no podemos dejar de reconocer que el derecho y la medicina van constantemente de la mano. Y en este caso particular elegí comenzar por este tema ya que este doctor fue uno de los principales defensores de la vida humana desde sus comienzos, y defendió incansablemente a aquél ser humano más indefenso: la persona por nacer.

Ningún ordenamiento puede valerse de su gran variedad de tutela jurídica -y mucho menos en materia de derechos humanos- si no se respeta primero el derecho base: el derecho a la vida, el cual comienza desde la concepción.

Después de su descubrimiento, Lejeune comenzó a ganar numerosos reconocimientos tanto en Francia como en el ámbito internacional. El problema fue que en 1970, cuando se presenta el proyecto de ley abortiva en Francia, él se opuso fervientemente. ¿Y por qué digo "problema"? Porque desde allí se ganó la enemistad de toda la medicina moderna, que intenta hasta el día de hoy llevar el progreso técnico incluso por sobre el individuo. Poco le importó que sus propios pares lo critiquen, él siguió adelante.

Habiendo sido designado por la Organización Mundial de la Salud como "experto en genética humana", no titubeó al momento de declarar ante ella que, habiendo sido en un momento una institución para la salud, pasó a ser una institución para la muerte. Esa misma tarde escribiría a su mujer que se había jugado el Premio Nobel. Y con razón, nunca se lo dieron, simplemente por haberse opuesto a la agenda abortista. 

Fue invitado por el Senado de Francia tres años antes de su muerte, para que ofreciese su documentada opinión sobre el tema del aborto. Una de las opiniones fuertemente arraigada en dicha cámara, era la que sostenía que hay embarazos que deben ser interrumpidos, cuando los antecedentes o el pronóstico parecen ser irreversiblemente malos. Cuando se le otorgó la palabra al Dr. Lejeune, planteó un caso: "Tenemos un matrimonio en el que el marido es sifilítico terciario incurable, y además decididamente alcohólico. La mujer está desnutrida y sufre tuberculosis avanzada. El primer hijo de esa pareja muere al nacer; el segundo sobrevive, pero con serios defectos congénitos. Al tercer hijo le ocurre lo mismo y se le suma el hecho de ser infradotado mentalmente. La mujer queda embarazada por cuarta vez. ¿Qué aconsejan ustedes hacer en un caso así?". Un senador del bloque socialista manifestó categóricamente que la única solución para evitar males mayores, era practicar un "aborto terapéutico" inmediato. Lejeune hizo un largo y notorio silencio; bajó la cabeza por unos segundos en medio de su expectante mutismo; volvió a alzarla y dijo: "Señores Senadores, pónganse de pie, porque este caballero acaba de matar a Ludwig van Beethoven". 

A manera de conclusión: "Está en la fe respetar la vida, pero el respeto a la vida en sí no tiene nada que ver con la fe". 

No hay comentarios:

Publicar un comentario